El Cabriel, nuestro río serrano más singular recibe las aguas del Guadazaón, ese río moro, que riega las huertas de la Carboneras romana. Y las recibe en tierras orientales de Cuenca donde siglos atrás hablase la historia, en esta Enguídanos bella donde se embalsa entre los pantanos de Víllora y Batanejo y desde aquí, ambos, conducen sus aguas abajo buscando el remanso de Contreras, camino del Mediterráneo.
Y es que no hay duda que el nombre de "Enguídanos", topónimo característico que en estudio semántico nos conduce a "cien arroyuelos" es el más claro concepto de su realidad, la que le define ante los ojos de quién aquí llega. Agua limpia, clara, entre ricos y numerosos manantiales y arroyos que convergen a los pies de una fortaleza, en otros tiempo, altiva y poderosa. Sus muros, hablan por ella.
Así decían esas "Relaciones de Felipe II en el siglo XVI":